HOMBRES RESPONSABLES
SE FORMAN EN LA FAMILIA
Eloísa Ibarra
Doña Juana Martínez, es una mujer morena de 70 años, con el cabello entre canoso y el rostro curtido a quien le preguntamos mientras echa tortillas, junto a una de sus hijas qué piensa del Día de la Mujer. Después de unos segundos de silencio sonríe y le dice a su hija “qué pensas vos Yaya” y ella responde “es un día muy importante porque es el día de nosotros”.
Doña Juana no conoce porque se conmemora el Día de la Mujer el 8 de Marzo, ni tampoco todos los avances que en materia de derechos para las mujeres se han alcanzado a nivel mundial y en Nicaragua. Pero tiene muy claro que la actitud de responsabilidad o irresponsabilidad que tienen los hombres a las mujeres y los hijos nacen de la familia “eso viene de descendencia en descendencia”.
Correo para Ciegos, quiso conversar con mujeres que tienen una vida común y corriente, para saber que piensan del Día de la Mujer, qué hacen, cómo se sienten y en qué aspectos se debería de avanzar.
Desde hace más de diez años, doña Juana, comenzó a echar tortillas, en una esquina del barrio Altagracia. “lo hice porque perecía bastante porque no es lo mismo estar esperando que el hombre lleve el dinero a la casa”, cuenta mientras palmea la masa.
Dice que el machismo de los hombres es horrible, “no me gusta porque si uno los deja hacer su gusto se van y se desobligan de la casa”, tal vez por eso, su historia es algo diferente pues su marido, trabaja junto a ellas en la tortillería.
Ella se levanta todos los días de lunes a domingo, junto a sus hijas y su marido a las cuatro de madrugada para comenzar la jornada que termina a las cinco de la tarde. “Él nezquisa el maíz, sale a vender tortillas y cuida la tortillería porque sino se roban todo y nosotras palmeamos y las echamos, unas 600 diario”.
“Los dos nos servimos del trabajo que hacemos”, cuenta doña Juana quien tiene 19 años de vivir con su marido que a esa hora andaba vendiendo tortillas en la calle.
Para ella la vida es igual de difícil para los hombres y mujeres, aunque reconoce que las mujeres tienen que hacer las cosas de la casa y eso las somete. En su caso, la falta de oportunidades para estudiar fueron igual para sus hermanos y hermanas, ninguno pudo avanzar, porque los sacaban de la escuela por falta de dinero.
Aconseja a las mujeres jóvenes que no se dejen y que exijan a los hombres que asuman su responsabilidad, porque algunos ni con la ley le dan a los hijos.
“Yo siempre le he dicho a mis hijos varones que si no pueden asumir la responsabilidad de atender hijos que mejor no tengan mujer y si la tienen que miren a los hijos porque hay que ser responsables, eso viene de familia, viene por descendencia.”, expresa.
Su hija Yadira tiene 30 años y lamenta no haber continuado sus estudios después de concluir la secundaria debido a que eran varios hijos. Pero dice que no puede seguir porque el trabajo en la tortillería es bien pesado, “aquí uno se foguea bastante y ni a iglesia podemos ir muchas veces porque terminamos bien agitadas”.
Refiere que ha tenido dos tortillerías independientes de su mamá, en las casas donde ha alquilado para vivir con sus dos hijas una siete años y otra de 21 meses, pero la última vez tuvo que cerrar porque la dueña del lugar era incomoda. Ahora estoy trabajando con mi mamá.
Aunque no pudo seguir estudiando, dice que no se ha llenado de hijos con el deseo de que puedan estudiar y vivir mejor que ella.
Cree que las leyes no son suficientes para que los hombres se obliguen y quisiera que fueran como en Costa Rica, donde le tienen que dar a todos los hijos que tienen, y las mujeres no sufren tanto. Pero aquí las mujeres asumimos todo, cuando ellos son irresponsables y por eso se necesitan leyes más duras.
Algo que le preocupa es su fututo y el de su mamá. No le trabajamos al Estado, ni a nadie y no tenemos seguro ni nada y sería bueno que uno pudiera tener algo para cuando se enferma o ya no puede trabajar. “Mire a mi mamá que edad tiene y todavía esta echando tortillas”.
Doña Juana dice que su esperanza es que sus hijos le ayuden cuando ya no pueda trabajar, porque de lo contrario no tendrá como vivir.
Mercedes Guevara tiene 25 años, trabaja para una empresa privada del sector comercio de lunes a sábado y deja a sus hijas en la casa de una tía que también cuida a los niños de otra hermana. Cada una le paga algo y así también le ayudan a ella.
“Sé que el Día de la Mujer es importante, pero no tengo mucho que celebrar porque aunque hay leyes, no se cumplen. En mi caso tengo más de un año de estar peleando porque mi ex marido le pase la pensión alimenticia a mis hijos y el juez no ha dicho nada”, se lamenta.
Guevara cuenta que cuando tuvo a su segunda hija de dos años, una amiga le explicó que tenía derecho a que le dieran permiso para darle de mamar a la niña y lo solicitó a su jefe y nunca le dio respuesta.
Deje de insistir porque tuve miedo que me corrieran y quedarme peor sin trabajo para mantenerlas. “A veces uno no puede reclamar mucho aunque la ley lo diga porque es fregado”.
Había comenzado a estudiar una carrera técnica, pero se salió cuando nació su segunda hija y su marido la dejo por otra mujer, una chavala de 18 años. Se me complicó todo y no podía dejarle la niña tierna a mi tía, pero cuando este más grande voy a seguir, no me quiero quedar así.
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